Anadi Querida Amaia... Todo irá mejor
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Querida Amaia... Todo irá mejor

Querida Amaia... Todo irá mejor

06-03-2018 Diabetes
Iñaki Lorente

Querida Amaia:

 

He recibido tu e-mail y no hay que ser un gran detective para comprobar que las cosas no te están yendo con la diabetes como desearías.

 

Me han preocupado frases como: «si total, esforzarse sirve de poco, ¿para qué intentarlo?» Creo que estás desanimada con eso de cuidarte y que ese es el causante de que la última analítica hay sido tan desastrosa. Mucho más de lo que te esperabas, ¿no?

 

Me ha impactado cómo decías, unos párrafos más abajo que, cuando te la diagnosticaron, aseguraron que, si equilibrabas la medicación, la dieta y el ejercicio que hacías TODO IRÍA BIEN”, sobre todo por haber subrayado lo de “IRÍA BIEN”. También me han conmovido tus comentarios amargos sobre esa afirmación: «yo me lo creí y trabajé mucho por conseguir que todo FUERA BIEN. Vigilaba con frecuencia mi glucosa. Todos los días salía  correr un rato (¡con a pereza que eso me daba!). Y, lo peor de todo era tener que sacar la báscula de cocina cada vez que me sentaba a la mesa como si ella fuera un comensal más».

 

«Sé lo que es sacrificarte por tu salud. Sé que, en general se consideran privaciones razonables y se lleva con deportividad, pero… hay veces que da una rabia terrible tener que renunciar a algo. Sobre todo cuando lo haces en aras de un premio que nunca llega: IR BIEN».

 

Qué amargura se filtraba a través de tus palabras: «lo he intentado, te lo juro, pero no hay manera de lograrlo». Y seguías: «han sido muchas las veces que, a pesar de mis esfuerzos, el glucómetro me daba un guantazo en la cara en forma de un doscientos que no esperaba. Te aseguro que, hasta he procurado hacer lo mismo durante dos días seguidos, calcados, buscando un resultado similar en las cifras y no ha habido manera de conseguirlo. Me he devanado los sesos buscando una explicación plausible, he experimentado con pequeñas variaciones para descubrir cuál era la clave del IR BIEN».

 

«No he sido capaz. Le he preguntado a mi endocrino y a mi enfermera. Les he pedido que me ayuden a descubrir dónde está la clave. Marga, mi enfermera, me llegó a decir que hay muchas variables que influyen, tales como el estrés o la inclinación de la aguja».

 

«Ahí ya me quedé muerta: Si me resultaba difícil intentar controlar lo que como, imagínate empezar a calcular si la cocción es la adecuada, si la insulina está a la temperatura correcta, si me pincho en el brazo en vez de hacerlo en la pierna el día que saga a correr, o si…¡vete a saber qué!».

 

Te entiendo bien, Amaia. Conforme leía tu mensaje me veía a mí mismo pesando la rebanada de pan del desayuno o cuidando de no  frotar en exceso sobre la zona de punción cuando me duchaba.

 

Tampoco me sorprendí demasiado cuando, más abajo, me decías que, paralelamente comprobaste cómo las veces en las que te relajaste en el autocuidado, tampoco las cifras habían sido tan espectacularmente elevadas. Escribías que, si eso era así, que el control tampoco dependía de ti, ¿para qué narices ibas a salir a correr cuando llovía o ibas a renunciar a ese trozo extra de bizcocho?

 

Ahí es donde me surgió la idea de escribirte esta respuesta y de hacerlo desde mi propia experiencia… por si a ti te podía ayudar.

 

Yo llegué al punto en que tú te encuentras, y también yo sentí que nada dependía de mí, que la diabetes tenía vida propia y que era ella la que decidía cómo estar.

 

Eso me dejó como sin fuerzas para seguir. Reflexioné que, si daba igual cómo me comportara, por lo menos iba a hacer aquello que me apeteciera, y no lo que la diabetes me imponía.

 

Los siguientes resultados fueron los más desastrosos de los últimos años. Una estrepitosa Hemoglobina de 9 me dejó KO, mucho más desanimado que antes y con menos fuerzas para seguir peleando.

 

Pero llegó un momento de lucidez en ese discurso en el que me había quedado atrapado de “no puedo hacer nada” y pensé: ¿no me estaré equivocando?

 

Enfoqué el problema desde otra perspectiva. Cualquier tratamiento de la diabetes, por muy sofisticado éste que sea, no deja de ser una auténtica chapuza al querer imitar a algo inimitable: un cuerpo humano en perfecto estado… o casi.

 

¡Y estuve de acuerdo conmigo mismo! ¿Qué te parece?

 

Por encima de todo descubrí que “IR BIEN EN DIABETES”, no es lo mismo que “IR BIEN”. Por lo tanto, intentarlo es darse de cabezazos contra un muro, una y otra vez, pinchazo tras pinchazo, análisis tras análisis.

 

Tras esta fantástica revelación sucedieron dos cosas:

  • Encontré el sosiego para cuidarme.
  • Mi Hemoglobina bajó un punto entero.

 

Comprendí que el control sí dependía de mí y eso me dio fuerzas para seguir atendiéndome como yo me merecía. Motivado porque sabía que había cosas que podía hacer. Sólo me había equivocado al esperar que, vigilando mi tratamiento iba a conseguir resultados similares a las personas que no tienen diabetes. Ahora sé que eso no es posible, pero a la vez he aprendido que cuanto más me cuide más me acercaré. Aunque jamás llegue.

 

En la siguiente cita que tuve con mi enfermera le expliqué lo ocurrido y le sugerí que no dijera que la diabetes IBA A IR BIEN  si seguía las indicaciones del tratamiento, sino que IBA A IR MEJOR (incluso mucho mejor) que si no lo hacía. De esa manera, los objetivos estaban colocados en su sitio, ajustados y no alimentando falsas expectativas que, al no poder ser alcanzadas, generaban frustración y desánimo.

 

Si lo hubiera sabido antes, me hubiera ahorrado mucho en aspirinas para el dolor de cabeza.

 

¿Es eso lo que te ocurre? Si es así, recuerda: depende de tu esfuerzo el ir MEJOR con tu diabetes, aunque no consigas ir tan BIEN como si no la tuvieras.

 

Un beso.